Punto de encuentro para los amantes de la historia, el arte y los grabados




El rincón de Tucídides aspira, sin pretensiones, a presentar toda aquella información interesante al respecto de la historia, el arte, fotos de grabados y libros antiguos de mi colección, citas de libros que me han gustado, referencias que vaya encontrando sobre estos temas, en fin todo aquello que me interesa, y que espero pueda ser atractivo para los demás.

"Insulae Balearides et Pytiusae"

"Insulae Balearides et Pytiusae"
"Novus Atlas" o "Theatrum Orbis Terrarum", de Blaeu, Amsterdam, 1640

La frase


"Mientras vivas procura constantemente instruirte, no presumas que la vejez lleve consigo la sabiduría"

Solón (638 a.C- 558 a.C)


Plan de Palma de N. de Fer

Plan de Palma de N. de Fer
Plano de Palma de N. de Fer (s. XVIII)

sábado, 9 de junio de 2012

Mi lectura de "La Originalidad de la Vanguardia y otros mitos modernos" de Rosalind Krauss

La comprensión y el estudio del arte tal y como era conocido antes del siglo xx ha cambiado, existe una diferencia entre lo que persigue la historia del arte, más preocupada por la autoría y el origen de la obra, basada en una tendencia más historicista, y los fines de la crítica, más preocupada por el método. De todas formas, la complementación no sólo es loable, sino también necesaria. Creo que en el arte es imprescindible  poder relacionar los diferentes períodos con sus predecesores y sus antecesores; entiendo que la aparición de las Vanguardias, aunque rupturista, no es posible explicarla sin todo un proceso evolutivo anterior seguido por autores y tendencias, a su vez enmarcado por un contexto político, social, económico y cultural concreto de una época. Por tanto, digo sí al estructuralismo propio de la historia del arte, aunque haya que poder flexibilizar nuestros discursos ante el Arte Contemporáneo y su evolución vertiginosa, y tan diferente, en cuanto a su concepción con respecto a todo lo anterior. En relación con los estudios de arte es necesario asociar el pensamiento de Dilthey sobre qué metodología es preciso aplicar a lo que el denomina  las ciencias culturales, o mejor dicho cual de ellas debe quedar al margen en su aplicación. En concreto se refiere al positivismo, y la inaplicabilidad de la causalidad de la metodología científica a las valoraciones a realizar en el arte. No estoy del todo de acuerdo con esta afirmación, es decir, la historia del arte se tiene que regir por metodologías de carácter racional y científico, pero lo que si es cierto también es que debido a las peculiaridades del arte no es suficiente con conocer las causas de las diferentes manifestaciones artísticas, sino que es necesario conocer su funcionalidad en un contexto más amplio.

La finalidad de las Vanguardias es la consecución del alejamiento de la realidad, la huida de lo aparente, el desprecio del mundo sensible que nos rodea, se desecha la mímesis, por ello, es una de las notas que destacaría de las diferentes corrientes vanguardistas del siglo xx. A pesar de los diferentes autores existentes, de diferentes estilos, plasmados con distintas técnicas y materiales, así como mediante la utilización de distintas artes, como fotografía, cine, video, pintura, escultura, arquitectura y literatura, lo central es la búsqueda, bajo diferentes denominaciones, de lo absoluto, de lo racional, e incluso de lo inconsciente, pero en ningún caso de lo visible entendido como una copia. En algunos casos se busca la verdad de las cosas, no en su aspecto real, sino en la razón humana, lo que supone el regreso a una especial metafísica de las cosas, mientras que en otros se prima la imaginación y lo inconsciente propio del surrealismo.  Considero que esta huida hacia delante de las Vanguardias, y su desprecio por todo lo hecho hasta ese momento, no es justo del todo, es decir, aunque su idea es la ruptura, la pretensión de crear un arte autónomo, todo esto no hubiera sido posible, ni podría ser entendido, sin ese proceso evolutivo que ha seguido el Hombre desde el arte Paleolítico hasta llegar a un punto de madurez conseguido gracias a la evolución del pensamiento humano. Esto ha permitido que haya habido autores que han estado en disposición de experimentar racionalmente otras posibilidades a las existentes hasta ese momento. Lo veo como un claro ejemplo de lo que es capaz la inteligencia humana, es decir, que nos faculta a poder superar la realidad circundante, y así acceder a otra realidad no mimética basada en lo racional o lo inconsciente. Como ejemplo de lo comentado, encuentro apasionante la solución que Giacometti ha dado a la ruptura del clasicismo en su obra, su deseo de rechazar la mímesis, le lleva a la búsqueda de lo real a través de la influencia del arte étnico. La sustitución de lo vertical, que tiene connotaciones idealistas y místicas, por lo horizontal, que se encuentra en contacto directo con lo terrenal y lo real, es totalmente novedoso y, para mí, adictivo. Mas allá de libro, el expresionismo abstracto de Jackson Pollock y, especialmente el De Kooning donde se intuye un esbozo de arte figurativo en algunas de sus obras, y la metafísica de De Chirico me fascinan.

Los aspectos técnicos, como la composición, la relación figura-fondo, la perspectiva, la pérdida de la dimensión por lo plano, el valor dado al marco, si hablamos de un cuadro, la pérdida de los límites de la obra, el concepto de escultura y de arquitectura, también han evolucionado de forma radical gracias a las Vanguardias. Pero, no sólo los aspectos más técnicos han sufrido profundos cambios, también se pueden apreciar en la temática de las obras. Pero, en todo caso, aunque la existencia de un tema en la obra vanguardista está fuera de toda duda, es justo decir que en muchas ocasiones es difícil poder definirlo, a pesar de que en esa aparente irracionalidad impere la lógica y el orden. Por todo esto, es un arte difícil, cuya compresión no está al alcance de mucha gente, sólo las personas con un espíritu y una mentalidad abiertas a la innovación y al gusto por experimentar sensaciones nuevas pueden acceder, comprender y disfrutar del arte vanguardista. Pero aun así, creo que para llegar a ese punto de comprensión y disfrute es imprescindible conocer el autor y su obra, la manifestación artística a la que se le puede adscribir, y el espíritu de rebeldía que subyace bajo las Vanguardias; en caso contrario, el arte puede quedarse únicamente en  “decorativo”, tal y como insinúa Rosalind Krauss en su obra.  Sólo a través del conocimiento podremos comprender el significante y el significado de los elementos que componen la obra, incluso nos permitirá descifrar la función de alguno de ellos, considerados hasta ahora como inapreciables, por ejemplo la función del marco de los cuadros, el uso de elementos de deshecho y de recortes de periódico, el fotomontaje, la escritura automática en la obra literaria, entre otros. También es importante saber como descifrar los nuevos significados dados a objetos de uso cotidiano. Para una persona con prejuicios y desconocedora del porqué de las manifestaciones artísticas de las Vanguardias, es evidente, que disfrutará más con una obra por ejemplo de Miguel Ángel, porque en este caso, para apreciar la belleza no es necesario comprender los posibles símbolos o manifestaciones más ocultas de poder inherentes a la misma, es más fácil valorar todo aquello que es identificable con la realidad que nos rodea, y buscar la belleza en la mayor aproximación de la obra a un mundo pasado o presente.

Otro aspecto relacionado con el espectador del arte del siglo xx es la oposición frontal de las Vanguardias a los valores burgueses que encarnan, lo que les lleva a esa ruptura con la utilidad del arte. En el siglo xix la burguesía accedió por primera vez al arte de forma masiva y se convirtió en un negocio. En la actualidad, también nos podemos encontrar con una situación similar, debido a que el arte se ha convertido en un objeto muy apreciado de negocio, lo que lleva a que, tal vez, ni siquiera los compradores sean auténticos mecenas y coleccionistas de arte, sino más bien inversores financieros, que ven la obra como un mero y aparente negocio. Y a un nivel más asequible para la mayoría de la gente, lo que se aprecia es que las galerías de arte son las que mueven el negocio, y no sólo eso, sino que pueden potenciar, según sus intereses, a un autor u otro, a un estilo u otro, pasando a un segundo plano la calidad artística en favor de lo más comercial, así juegan con la falta de criterio de una buena parte de los compradores. Pero, por otra parte, no todo tiene que ser negativo, también es señal de que el acceso al arte se ha democratizado, y su adquisición se ha podido extender a unas clases medias con un mayor nivel de formación, aunque no siempre sea en arte, y que ven su compra un objeto de distinción social y de equiparación con las clases privilegiadas que anteriormente eran las únicas que se lo podían permitir. De todas formas, esta posición de rebeldía y de crítica a los valores burgueses sirvió para que este arte pudiese ser introducido en el suculento mercado del arte, y que hubiese importantes mecenas y compradores dispuestos a pagar mucho dinero por sus obras.

Es interesante el hecho de como los surrealistas otorgaron al arte de la fotografía su equiparación con la escritura automática, como la convirtieron en una forma de manifestación estética inconsciente, a pesar de ser un medio de reflejo de la realidad que supera la óptica humana por su perfección, le dieron una significación distinta a lo que vemos. Reconozco que antes de conocer las posibilidades de la fotografía, era un tanto escéptico con respecto a su capacidad de producir arte, precisamente por la facilidad de la aplicación técnica en comparación con las artes más tradicionales; pero hay que rendirse a la evidencia. Después de haber visto obras de Man Ray y de Marcel Duchamp es evidente que la fotografía puede usarse como medio para manifestar algo más que la realidad que nos rodea, bien desde un punto de vista de lo inconsciente, o incluso de lo racional, pero con un significado distinto a la mera representación. Además, el papel de las fotografía son elementos básicos del collage, de gran simbología tanto si queremos representar un mundo real como inconsciente.

Las reflexiones realizadas por Rosalind Krauss al hablar de la obra de Rodin sobre la producción y la reproducción, el si es una copia o estamos antes un original, en el caso de hacer una obra cuando el autor está muerto a partir de unas matrices originales me parecen interesantes. Considero además que más allá de aspectos legales, lo que para mi es fundamental son los aspectos éticos, y ya no sólo haciendo referencia a la obra de Rodin y su legado, sino también nos podemos encontrar con la misma duda cuando se usan las planchas originales de cobre, madera, zinc, para la estampación de grabados, o los negativos de la fotografía. En estos casos, tanto al admirar, como al adquirir, una obra de estas características, creo que hay que ser conscientes de que no es lo mismo que admirar y comprar un original acabado en vida del autor, realizado en un contexto cultural determinado, con unos materiales y utilizando unas técnicas propias de esa época. No vale todo, aunque el negocio sea demasiado tentador, además esa reproducción excesiva devalúa un tanto la obra del autor. De todas formas no quiero decir con esto que no pueda existir, por ejemplo, en el caso del grabado, más de un edición impresa en su período, sin que por ello dejemos de hablar de la misma obra, aunque siempre se valorará más la primera edición. Por tanto, la afirmación de la existencia de lo “múltiple sin original”, para mi no tiene ningún sentido, hay que encontrarse con un original, y luego a partir de aquí será posible realizar reproducciones del mismo. En cuanto al problema que se pueda plantear sobre los grandes ciclos pictóricos donde se puede poner en duda la autoría al colaborar diferentes artistas pertenecientes al mismo taller, coincido plenamente con la autora, son obras perfectamente identificables y mantienen una unidad interna que no deja lugar a dudas a pesar de que sean diferentes manos las que hayan trabajado en su acabado.

Hitler: Estado actual de la cuestión

En la actualidad se disponen de fuentes primarias que contribuyen a aproximar más la figura y su contexto, y nos permiten una mayor profundización sobre el tema. En concreto, dos recopilaciones de los escritos y discursos  de Hitler, una que llega hasta la refundación del partido nazi en 1925, y otra correspondiente al período comprendido desde esta fecha hasta su nombramiento como canciller del Reich en 1933. Otra de las más destacables es el diario del ministro de propaganda Joseph Goebbles conservado en los archivos estatales de Moscú, los cuales han estado clasificados hasta la caída de la URSS. El propio Kershaw pone en duda la autenticidad del “Hitler Speaks” de Hermann Rausching. Además, la propia forma de trabajar antiburocrática y secreta de Hitler, y la ausencia de relaciones personales, hace que toda la documentación encontrada tenga que ser analizada y filtrada concienzudamente.

A parte de la historiografía marxista y la liberal, los diferentes enfoques historiográficos sobre la cuestión se dividen básicamente en dos bloques.  En primer lugar, aquellos que han sido denominados “intencionalistas”, debido a que explican los acontecimientos históricos según las intenciones ideológicas o políticas del Führer; hacen hincapié en el papel fundamental que tuvo en la historia alemana, y sus conclusiones se centran en “el poder supremo de Hitler como señor del Tercer Reich”[1]. En segundo lugar, se sitúan en un polo opuesto los llamados “estructuralistas”. Este grupo de historiadores defiende el condicionamiento de las decisiones políticas a las limitaciones estructurales. Según expone el propio Kershaw, “el enfoque estructuralista vio la luz en la década de 1960 cuando fue posible por primera vez estudiar las estructuras internas del régimen nazi con cierta profundidad”. Por lo que “desde esta perspectiva resultaría evidente que la mano de Hitler no se hallaba omnipresente en el manejo de los asuntos del régimen. Tanto una ‘anarquía administrativa’ como una jungla competitiva de intereses en disputa constituyeron los rasgos predominantes del Tercer Reich”. [2] Esta posición defendía argumentos como que disponía de poco poder decisorio, estaba más preocupado por mantener su prestigio, era indeciso, y no tenía un programa claro de gobierno. El alcance de tal magnitud de poder es innegable, pero los condicionantes externos y las actuaciones de otros también fueron decisivos.

Los dos ejemplos más claros y contrapuestos, son precisamente, el del propio Kershaw, que podríamos considerar como estructuralista, y el otro es Joachim Fest, un claro modelo de intencionalista. Kershaw  se define a si mismo como un “estructuralista moderado” porque en su obra subraya “el carácter indispensable de Hitler al mismo tiempo que la necesidad de unas muy específicas estructuras sociales y políticas”[3]. Porque lo que pretende alguna manera es aproximar las dos posiciones historiográficas, al considerar artificial su división.

Y el otro autor es Joachim Fest al cual se le criticó  el que “no tenía en cuenta las fuerzas sociales ni las estructuras que habían colaborado paso a paso con Hitler para que pudiera alcanzar sus objetivos”[4]. El propio autor se defiende indicando que si bien “cada vez es más débil el papel que desempeña el individuo durante el transcurso de la historia y que ya no es suficiente, como se creía en el siglo xix, para hacer historia. Pero este individuo, aunque con bastante retraso, ha hecho bastante más historia de la que correspondía, si cabe, a la época”[5].  Fest piensa que la responsabilidad de cada individuo es fundamental, si bien lo importante es encontrar un equilibrio entre todos los elementos que intervienen en los acontecimientos, incluida la masa anónima y la elite de poder.

La opinión que Fest tiene de la obra de Kershaw se resume en que es “demasiado contradictoria la idea de que un historiador social pretenda escribir la biografía de un personaje que resultó ser decisivo para la Historia”[6]. Según este autor el peso del personaje se va difuminando a medida que transcurre la obra hasta que al final solamente queda según sus palabras un “espectro”. Considera que “raras veces es tan fácil como en esas páginas encontrar paradojas en la biografía de un personaje que acaba reducido a un mero punto en el que convergen las fuerzas sociales, de tal modo que quede casi anulado. Sin embargo, parece que con ello se olvida de que fue él quien cambió por completo todo el curso del mundo”[7]. Fest defiende que Hitler consiguió hacer realidad sus intenciones con su fracaso, y que ha marcado todo el devenir posterior de la historia. Según Kershaw las dos obras básicas y que le fascinaron fue una precisamente  la de Fest y la otra de Alan Bullock, el cual reduce el ascenso de Hitler a lo absoluto a sus ansias desmesuradas de poder.

Existen otros autores destacables. Hugh R. Trevor- Roper basa su idea sobre el Führer en toda una ideología estructura alrededor de una serie de tópicos y resentimientos que se sustanciaban en la conquista de territorio, lo que se denominó el “espacio vital”, y su odio obsesivo a los judíos. Hay otros más atrevidos que evidencian arriesgadas teorías sin fuerza probatoria, que rozan la elucubración, con las que pretenden explicar el comportamiento y el pensamiento de Hitler. Así Erich Fromm se centra en motivaciones psicológicas para explicar una voluntad de morir consecuencia de una represión prolongada y el deseo de destruir esta imagen, el verdadero odio de Hitler era la propia Alemania. Alice Miller habla de un deseo de venganza como consecuencia de la represión y tiranía que sus padres ejercieron durante su niñez. Simon Wiesenthal nos sitúa su antisemitismo en un escenario totalmente diferente, el contagio de una enfermedad venérea contagiada por una prostituta judía en Viena.

¿Intencionalistas o estructuralistas?, es una pregunta de difícil respuesta. Personalmente, creo que la historia no puede entenderse sin una serie de personajes, que debido a su carisma, su inteligencia, su determinación en la puesta en acción de una idea o una ideología, han cambiado el rumbo del mundo. Es innegable que hay un antes y un después de la aparición de figuras históricas de la talla de Lutero, Napoleón y el propio Hitler, por poner sólo unos ejemplos. Las consecuencias de sus decisiones arrastraron a millones de personas y el mundo nunca fue el mismo, evolucionó en un sentido determinado. Pero, si que es cierto, que para que estos personajes se desarrollen y puedan llevar a la práctica su pensamiento, y arrastrar a multitudes convencidas, es necesario que concurran unas circunstancias políticas, sociales, económicas, culturales y espirituales determinadas, es decir, el contexto tiene que ser propicio para que se produzcan esos cambios. Ahora, la “palanca”, en palabras de Kershaw, es el factor clave. Por tanto, ante el estudio de personajes de tanto impacto que consiguen cambiar el mundo, me inclino más hacia las tendencias intencionalistas que  hacia las estructuralistas. Hay personajes que para bien o para mal, son únicos e irrepetibles, y las consecuencias de sus acciones u omisiones marcan el devenir de las sociedades por mucho tiempo.

[1] Kershaw, I., “Hitler”, Biblioteca Nueva, Madrid, 2007.
[2] Diálogo con Ian Kershaw: Hitler y el nazismo “Explicar lo irracional en términos racionales”. Entrevista de Miranda Lida en el historiador. com.
[3] Diálogo con Ian Kershaw: Hitler y el nazismo “Explicar lo irracional en términos racionales”. Entrevista de Miranda Lida en el historiador. com.
[4] Fest, J., “Hitler: una biografía”,  Planeta, Barcelona, 2005.
[5] Fest, J., “Hitler: una biografía”,  Planeta, Barcelona, 2005.
[6] Fest, J., “Hitler: una biografía”,  Planeta, Barcelona, 2005.
[7] Fest, J., “Hitler: una biografía”,  Planeta, Barcelona, 2005.

viernes, 27 de enero de 2012

El Imperio Otomano en la Edad Contemporánea

El Imperio Otomano inició su dominio sobre la península de los Balcanes a partir del siglo xiv. La mayor parte del Imperio Bizantino fue conquistado por los turcos, la caída de Constantinopla se produjo en 1453, para luego extenderse hacia el norte y conseguir la sumisión de serbios y húngaros y la integración de los territorios balcánicos.

A lo largo del siglo xix el Imperio Otomano se vio inmerso en un proceso de disgregación que le obligó a ir perdiendo paulatinamente sus territorios en Europa y África debido principalmente a la influencia de los nacionalismos que se encontraban en su seno y la codicia de las potencias europeas. En 1830 perdieron Grecia. Mientras que rumanos, serbios, montenegrinos, croatas y búlgaros consiguieron su independencia en 1878. Tras la Guerra de Crimea (1853-1856) Turquía subsistió gracias al apoyo de ingleses y franceses, aunque a costa de concesiones de carácter político y comercial. En 1805 Mehemet Alí fue nombrado gobernador de Egipto y fue el inicio de la lenta agonía del imperio. Este personaje abrió Egipto a Europa, era sabedor que la influencia europea, sobre todo francesa, en el ámbito del reformismo político y en el técnico llevarían a Egipto a evolucionar y desarrollarse.

En la propia Turquía empezó a gestarse un movimiento reformista a partir de 1907 en forma de revolución protagonizada por los denominados “Jóvenes Turcos”, los cuales pretendían la modernización del imperio en proceso de decadencia, la promulgación de una constitución y el aseguramiento de su nacionalismo. En 1909 depusieron al sultán Abdul Hamid e instauraron un régimen dictatorial hasta 1914. Tuvieron que utilizar la fuerza para imponer sus ideas, contrataron asesores europeos, favorecieron la educación de la mujer, pero la base social era atrasada, y las humillaciones diplomáticas sufridas dificultaron su reformismo, por lo que tuvo que adquirir un cariz violento. Posteriormente, y de forma sucesiva, se produjeron episodios independentistas que mermaron su integridad territorial, primero los Habsburgo anexionaron Bosnia, el gobernador de Bulgaria consiguió la declaración de independencia, Creta fue anexionada por Grecia y en 1911 Italia ocupó Trípoli.

En 1914 el Imperio Otomano todavía abarcaba una extensa y estratégica zona que iba desde el Cáucaso hasta el Golfo Pérsico, bordeando la costa de Kuwait hasta Qatar. Mientras que las costas de Arabia hasta el Mar Rojo se encontraban bajo la influencia de los británicos. De todas formas seguía conservando Palestina, Siria y Mesopotamia. La zona del Levante mediterráneo era culturalmente una zona muy desarrollada y sometida a influencias europeas, mientras que la península Arábiga desconfiaba del gobierno turco, si bien la esperanza de éste era la división interna de los árabes. Al igual que el Imperio Austro- húngaro, la búsqueda de la guerra que se estaba gestando era valorado como una posibilidad de solucionar sus conflictos, pero que a la postre significó su fin como imperio.

Los británicos pactaron el apoyo árabe en la toma de Jerusalem y Damasco lo que permitió que aquellos pusieran en su órbita de influencia los territorios de Palestina, Transjordania e Irak, y Siria quedase en manos de Francia. Transjordania fue reconocida independiente por Gran Bretaña en 1928. También Arabia Saudí consiguió la independencia en 1932. Irak por su parte e 1932 se declaró independiente. Palestina no llegó a disfrutar de tranquilidad, había empezado la inmigración judía, lo que había desencadenado indignación entre los árabes acompañado de revueltas sofocadas por el ejército británico. El nacionalismo árabe empezó a coger más fuerza, cuando ya Gran Bretaña estaba en pleno retroceso, lo único que quería era preservar sus intereses económicos en la zona.

Al finalizar la guerra las reivindicaciones de los vencedores sirvieron para que, si bien Rusia no pudo hacerse con Constantinopla, el Bósforo y los Dardanelos, Grecia recibió importantes concesiones, Armenia consiguió su independencia y lo que quedaba de Turquía se dividió en zonas de influencia británica, francesa e italiana. Una revisión del acuerdo de paz se debió a un antiguo Joven Turco, Mustafá Kemal, que expulsó a franceses y griegos, y consiguió pactar en 1923 en plano de igualdad con los antiguos vencedores, aun así quedó liquidado el Imperio Otomano y surgió la nueva República de Turquía.

sábado, 21 de enero de 2012

Emil Ludwig: su obra "Napoleón" y el contexto político del autor

El libro fue publicado en 1925 durante el período de entreguerras, tras la Primera Guerra Mundial la sociedad europea sufre una crisis moral, ideológica y espiritual. El conflicto militar tuvo unas consecuencias demográficas catastróficas, no sólo por las pérdidas humanas provocadas en las hostilidades, sino también debido al aumento excepcional de la mortalidad entre la población civil, los nacimientos diferidos por razón de la guerra, los hijos que hubieran tenido los que murieron y los que no nacieron. Durante años hubo un déficit de la natalidad. La guerra ocasionó desplazamientos de población, personal civil que huía de las zonas de combate, y aquellos que lo hicieron posteriormente al final del conflicto.

El autor no desarrolla extensamente el tema de las consecuencias que las guerras tenían durante la época de Napoleón, pero sí que podemos encontrar una serie de comentarios al respecto. Por un parte, refleja que el propio Emperador francés no es inmune al sufrimiento de sus soldados después de una batalla, los heridos y mutilados le impresionan lo suficiente como para no ser un partidario de planear una batalla sin antes agotar sus dotes de persuasión política y diplomática. Por otra, considera sus efectivos humanos como elementos de su juego político, y la guerra una herramienta más en la estrategia para hacerse con el control de Europa. El período en el que vive Emil Ludwig se caracteriza por tener un visión similar, ya que no es posible separar la guerra de la política, vive en una sociedad de alguna manera militarizada, en la que las asociaciones de corte militar arrastran a la mayor parte de la población; al igual que Napoleón no podía entender el juego político sin la guerra, ésta era una herramienta más, junto con la diplomacia, para conseguir objetivos políticos.

El paralelismo es muy claro, la concepción política de Napoleón sobre el papel que desempeña la guerra era la que de forma parecida 100 años después vivía su propia sociedad. Otra coincidencia es el ambiente de revanchismo que vivía la sociedad alemana después de perder la guerra, y la imposición de las duras condiciones por parte de los vencedores en el Tratado de Versalles; y la respuesta que daba siempre Napoleón cuando perdía prestigio o posición, tanto si se sentía más presionado fuera de su Imperio como dentro de sus fronteras, era la de disponer de una nueva oportunidad para recuperar su posición anterior, por muy desesperada que fuese su situación, vivió en un revanchismo político y militar hasta su confinación en Santa Elena.

El período de entreguerras se caracteriza por un predominio de la sociedad de masas y los cambios producidos en la dinámica social. Las masas empiezan a actuar como una fuerza colectiva social imponiendo su presencia, sus acciones, sus decisiones, cambiando la vida social en todos sus aspectos en función de sus necesidades. Las masas no se someten a las minorías, al contrario, si no están de acuerdo con ellas no las siguen. Se acuña el término de hombre- masa que domina la vida pública, política y no política. Desde la segunda mitad del siglo xix todos los hombres son iguales, no se hallan las barreras sociales. Estas masas intervienen en todo. El prestigio de las clases dirigentes se ha devaluado y se han iniciado corrientes igualitarias, algunas diferencias materiales han desaparecido; a su vez en las masas nace un resentimiento contra el capitalismo y los dirigentes acusados de obtener grandes beneficios, lo que lleva al despegue de las ideologías anticapitalistas, como marxismo y el fascismo.

El autor refleja de forma clara el pensamiento de Napoleón al respecto, por un lado no concibe el dominio del poder sin el apoyo de las masas, dejando de lado la posición de políticos, y sobre todo de la antigua dinastía Borbónica. Su concepción de la igualdad le permite elegir, y entregar premios, a los colaboradores teniendo únicamente en cuenta la valía personal y no el nacimiento, se consideraba un hombre de la Revolución. Si vemos la manera de actuar del fascismo nos damos cuenta que el apoyo de las masas era indispensable para su ascenso y consolidación en el poder, así como el desprecio que manifestaban contra los antiguos partidos políticos. A su vez el nacionalsocialismo alemán se hizo con el poder de forma democrática y respetando en sus inicios las reglas del juego, posteriormente acabaron con cualquier oposición política y con el sistema tal y como era conocido.

La pequeña burguesía se ha visto afectada muy especialmente en el ámbito económico después de la Primera Guerra Mundial. La humanidad que disfrutaba de las ventajas de la civilización occidental, fue perdiendo la confianza en el Estado liberal y se instauró una desconfianza e inseguridad colectivas. La crisis social de los valores morales se proyecta en la vida cotidiana. La religión, el arte, la filosofía, la ciencia, al igual que la economía y la política se desmoronan por su base, es la llamada “crisis de todas las seguridades”. La guerra ha provocado el hundimiento de los tres Imperios absolutistas, se extienden los regímenes parlamentarios y constitucionales, se van imponiendo el sufragio universal. Estos sistemas se ven presionados por el socialismo y por el fascismo, caracterizado éste por su oposición al liberalismo ineficaz, recibir el apoyo de las clases medias, y la ayuda de los dirigentes y capitalistas temerosos de una revolución.

Napoleón es un partidario del liberalismo económico, pero en pleno conflicto con Inglaterra adoptará la decisión de controlar los mercados dependientes del Imperio francés, intentando arrastrar a otras potencias como Rusia, prohibiendo los intercambios comerciales con aquella potencia marítima con la intención de debilitar su poderío económico, sin ser plenamente consciente que en un futuro la situación se le volverá en su contra al perjudicar el normal funcionamiento de su economía y llevarla a una crisis de mercado. Supeditó su política económica a la campañas bélicas que desplegaba por Europa, al igual que los países intervinientes en la Primera Guerra Mundial sometieron la actividad económica a sus necesidades militares, de la misma manera que también lo hizo Alemania en el período de entreguerras con el ascenso de Hitler al poder, al poner en marcha toda una industria orientada a prepararse para la guerra. Ambos fueron de una manera u otra partidarios de la intervención económica.

La subida al poder de los líderes carismáticos fascistas se produjo en similares circunstancias a la forma de cómo lo hizo Napoleón. Ambos se aprovecharon de la debilidad del gobierno y del funcionamiento de las instituciones. El Directorio que gobernaba Francia mantuvo un enfrentamiento más o menos evidente con su general más brillante, sin ser conscientes de su carisma con el pueblo y el ejército, a pesar del apoyo de la mayor parte de la clase política, si bien su debilidad fue manifiesta la noche del levantamiento que se resolvió con la constitución del triunvirato, posteriormente Napoleón consiguió que lo nombrasen primer cónsul vitalicio, y finalmente emperador, se había quedado solo en el poder, era lo que había siempre deseado ser, el amo del Estado. En el mismo sentido cuando Hitler llegó al poder en Alemania, se aprovechó de la debilidad de la República de Weimar para desmantelarla, pero para ello primero tuvo que ir ganando votos y escaños, favorecido por el revanchismo latente por la derrota en la Primera Guerra Mundial, y por la crisis económica que se vivió a partir de 1929. El momento culminante fue el acuerdo al que llegaron Von Papen, líder de los conservadores, el gran capital y el propio Hitler para que éste dirigiese el gobierno alemán. Al igual que hizo Napoleón nada más llegar al poder empezó a desmantelar el sistema constitucional de la República. El paralelismo es evidente, ambos anhelaban el poder absoluto, y no dudaron en aprovecharse del mismo sistema al que querían destruir, siguieron prácticamente los mismos pasos hasta que acapararon el poder absoluto. La única fórmula que reconocían era la de la primacía y unidad del Estado que se impone a través de la dictadura.

Como consecuencia de la responsabilidad de gobierno, los presupuestos que fundamentan su modelo de autoridad, la conciencia de ser un ser excepcional y la predestinación de sus objetivos finales, que entre otras cosas buscan la grandeza de Francia, como subordinación a su grandeza y gloria personal, todo ello lo convierte en un personaje que se siente y se encuentra solo, a los hombres los considera débiles y materialistas, y muy inferiores a él. El sentido de la predestinación, considerarse un ser excepcional y la búsqueda de los hechos más destacados de la nación son atributos que podemos encontrar en los dictadores fascistas que llegaron al poder durante el período de entreguerras. La apelación a los sentimientos arraigados en el pueblo sobre la grandeza de la nación y la raza, y la necesidad de situarla en el lugar que le corresponde en la historia, son las armas utilizadas por los fascistas para manipular y controlar a la opinión pública.

Napoleón sentía la necesidad de formar los Estados Unidos de Europa, pretendía resucitar el Imperio Sacro Romano Germánico de Carlomagno, y para ello contaba con la fuerza como su herramienta principal para conseguir su objetivo. La apelación al glorioso pasado histórico y su continuismo está también presente en la Italia de Mussolini y en la Alemania de Hitler, como ejemplos más representativos. En todos los casos es importante el uso partidista de la historia y la asimilación de símbolos externos que la recuerden. Si bien en el caso de los símbolos externos no fue tan patente en el emperador francés. El hecho de sentirse personas excepcionales y predestinadas, de algún modo, les condena a la soledad, sienten que se encuentran por encima de todos los que le rodean, es difícil que reconozcan un error, lo más fácil es atribuírselo a los demás. Además la derrota para ellos es una afrenta, una traición a la confianza depositada. Estos rasgos los podemos encontrar tanto en los líderes fascistas como en el propio Napoleón. La doctrina del “espacio vital” unida al pangermanismo imperialista, a la expansión política y militar, y a la guerra, desencadenan que la Alemania hitleriana se instale en la economía de guerra.

El control de la opinión pública fue una de las facetas de la sociedad que tanto los grupos fascistas como Napoleón se encargaron de cultivar a través de imponer límites a la libertad de expresión y a mediatizar la prensa.

El autor describe y desarrolla una serie de características y fundamentos, tanto a nivel personal como a nivel de concepción del Estado y de toma de decisiones políticas, de Napoleón Bonaparte que son perfectamente asimilables o extrapolables al contexto histórico en el que vive, y que podríamos resumir a modo de conclusión en los siguiente puntos a modo:

- El autoritarismo, la predestinación, la persecución de unos fines que le otorguen la gloria nacional y personal, y la conciencia de una superioridad de su ética personal les hace menospreciar a los hombres, y les hace sentirse superiores a ellos, si bien como contrapartida tienen un sentimiento de soledad.

- El ascenso al poder se produce respetando las instituciones y modelo de Estado, para paulatinamente ir imponiendo su modelo dictatorial, hasta la desaparición total de los rasgos que lo definen.

- El apoyo de las masas y el desprecio de la clase política del momento es fundamental para su ascenso y continuidad en el poder. Achacan los males del Estado a las instituciones actuales. Controlan la opinión pública.

- La política es inseparable de la guerra, ésta es considerada la herramienta principal de expansión imperial, es una necesidad vital para el Estado.

- Apelan a un glorioso pasado histórico que pretenden recuperar.

- La expansión territorial es básica para alcanzar la gloria que buscan, se llame Estados Unidos de Europa o “espacio vital”. Tienen una necesidad de imponer la superioridad que la historia ha otorgado a sus Estados.

- La economía está dirigida desde el poder y supeditada a sus fines militares. Es una economía de guerra.

- Las masas son números útiles para la consecución de sus objetivos de expansión territorial.

sábado, 6 de agosto de 2011

El comercio del ámbar durante la Prehistoria

El ámbar procede de ciertas plantas que formaban los bosques del período terciario, es una resina fósil, como lo prueban sus caracteres químicos y lo confirma la existencia de animales, principalmente insectos, aprisionados en los grumos de la sustancia. Se presenta como un cuerpo mineral, pero que posee las cualidades de una materia de origen orgánico El ámbar ha sido desde la más remota antigüedad objeto de la atención del hombre, y puede decirse que fue una de las primeras materias que empleó para la satisfacción de las necesidades estéticas, además de fundamento del lujo. La zona por excelencia de su localización se sitúa en la península llamada Sandland, que se extiende entre Memel y Danzig, abarcando desde Kœnigsberg hasta el Báltico.

La explosión económica y social que supone la llegada de la Edad de Bronce se debe a la consolidación de dos rutas comerciales: la del estaño y la del ámbar, con todo lo que conlleva, intercambios de productos manufacturados y materias primas de lujo.

El Calcolítico, cronológicamente situado en el iii milenio a.C., no se caracteriza precisamente por el mantenimiento de unas relaciones de intercambio tal y como aparecerán durante el Bronce, cuando se establezcan unas redes comerciales controladas por intermediarios, y que conectarán diferentes zonas productoras y consumidoras. En cambio lo que si que existen son intercambios comerciales de carácter más local, sobre todo relacionado con la explotación del cobre. En concreto hasta el establecimiento de un entramado comercial, el ámbar prácticamente se mueve en la zona de extracción, costas del Báltico, afectando a Dinamarca, una muy pequeña parte de Noruega, y una parte de Suecia.

A mediados del iii milenio, durante el Calcolítico, el ámbar, por proximidad con las zonas productoras, aparece en Gran Bretaña, el camino que sigue en dirección a esta gran isla fue evidentemente marítimo y debió ser el reflejo de un incipiente comercio ya establecido de distintos productos, incluidos los metales, con el continente. Se encontraron objetos realizados con este material en tumbas individuales. Este comercio se intensificó en esta zona durante el Bronce antiguo, con una cronología de 1800- 1400 a.C., con la cultura de Wessex, como pueden atestiguar collares y jarros de ámbar encontrados en ajuares pertenecientes a tumbas de la aristocracia local. Dentro de la Europa atlántica encontramos la Civilización armoricana formada por pueblos procedentes del Mar del Norte, posiblemente protovikingos, que en sus ajuares también aparecen adornos de ámbar, hablamos del período 1900 a.C. La Europa Central cumple un papel fundamental en el comercio europeo por su situación geográfica- estratégica entre la Europa Nórdica y el Mediterráneo.

 Durante el Bronce Antiguo, es la cultura de Unetice o Aunjetitz, la que controlaba las rutas comerciales europeas, entre otros productos, canalizaban el ámbar y el oro, por lo que se convirtieron en intermediarios entre el Báltico, la Grecia Micénica y las Islas Británicas. En la Edad del Bronce, la Europa Nórdica estaba muy influenciada por la cultura Centroeuropea citada, en concreto, se identifica la denominada cultura Montelius, considerada como uno de los centros de exportación de ámbar más importantes, dirigida sobre todo a la misma Unetice, y de aquí a Grecia y al Egeo, viéndose beneficiada en el intercambio con los centros metalúrgicos de la Europa Central y Oriental.

Todas las culturas mediterráneas a partir del Bronce Antiguo se vieron inmersas en la red de intercambios comerciales entre el norte y centro de Europa, con todo lo que conlleva, mayor uniformidad en cuanto a la cultura material localizada en los ajuares funerarios, y el intercambio de ideas. Como ejemplo citar que se han encontrado objetos de ámbar en el norte de Italia, en concreto la cultura Polada, la cual entró en contacto con Centroeuropa a partir del 1800 a.C.

El recorrido del ámbar hasta el Peloponeso pasaba por el Adriático; seguía hasta las cabeceras del Rhin y del Danubio, y alcanzaba por el Elba su lugar de procedencia. Curiosamente, el núcleo centroeuropeo de la ruta del ámbar se encuentra entre las pocas regiones europeas en las que se concentra el cobre en estado natural. Más curioso es, si cabe, el hecho de que sea precisamente el foco centroeuropeo de la ruta del ámbar (las regiones de Sajonia y Turingia) el que se adelanta, a comienzos del ii milenio a.C.

La Grecia Micénica mantiene durante el Bronce reciente unas relaciones comerciales con el continente y el Mediterráneo, lo que permite el intercambio de productos provenientes de todas las partes de Europa, viéndose incrementadas dichas relaciones a comienzos del siglo xiii a.C.

A partir del año 1500/1450 a.C. empieza la etapa del Bronce Medio con la aparición de una mayor demanda de metal como consecuencia de la proliferación de utensilios, armas y adornos, principalmente de bronce, considerados no sólo ya como elementos de lujo, sino también como elementos de uso cotidiano, desencadenando una intensificación de las redes de comercio. Durante esta nueva etapa la llamada Cultura de los Campos de Urnas es continuadora de la de Unetice, sustituyéndola en el control de la ruta del ámbar y del comercio micénico. Uno de los rasgos que marcan el Bronce Medio es el de la mezcla de pueblos sobre todo en las zonas de paso agrícolas y mineras. Dentro de esta cultura se encuentra el grupo del noroeste de Alemania, principalmente la región de Lünebourg, el cual está muy influenciado por la Europa Nórdica. Esta zona estaba en contacto directo con Jutlandia para el comercio del metal y del ámbar.

En torno al 1400 a.C. Escandinavia, como consecuencia del enriquecimiento que le reporta el comercio del ámbar pudo importar cobre y estaño, que le permitió convertirse en un centro metalúrgico de primer orden equiparable a los que existían en Europa Central. Las rutas comerciales básicamente eran dos, una conectaba el oeste de Dinamarca con el Rhin y el alto Danubio, y otra que unía el este de Dinamarca, el Oder y el Danubio medio.

El ámbar fue  muy codiciado y objeto de un comercio que tenemos que englobar dentro de un contexto más amplio de intercambios de metales, cerámica, oro, útiles, armas y objetos de decoración, que consiguieron conectar las diferentes culturas europeas dentro de las primeras redes comerciales conocidas.