Punto de encuentro para los amantes de la historia, el arte y los grabados




El rincón de Tucídides aspira, sin pretensiones, a presentar toda aquella información interesante al respecto de la historia, el arte, fotos de grabados y libros antiguos de mi colección, citas de libros que me han gustado, referencias que vaya encontrando sobre estos temas, en fin todo aquello que me interesa, y que espero pueda ser atractivo para los demás.

"Insulae Balearides et Pytiusae"

"Insulae Balearides et Pytiusae"
"Novus Atlas" o "Theatrum Orbis Terrarum", de Blaeu, Amsterdam, 1640

La frase


"Mientras vivas procura constantemente instruirte, no presumas que la vejez lleve consigo la sabiduría"

Solón (638 a.C- 558 a.C)


Plan de Palma de N. de Fer

Plan de Palma de N. de Fer
Plano de Palma de N. de Fer (s. XVIII)

sábado, 9 de junio de 2012

Hitler: Estado actual de la cuestión

En la actualidad se disponen de fuentes primarias que contribuyen a aproximar más la figura y su contexto, y nos permiten una mayor profundización sobre el tema. En concreto, dos recopilaciones de los escritos y discursos  de Hitler, una que llega hasta la refundación del partido nazi en 1925, y otra correspondiente al período comprendido desde esta fecha hasta su nombramiento como canciller del Reich en 1933. Otra de las más destacables es el diario del ministro de propaganda Joseph Goebbles conservado en los archivos estatales de Moscú, los cuales han estado clasificados hasta la caída de la URSS. El propio Kershaw pone en duda la autenticidad del “Hitler Speaks” de Hermann Rausching. Además, la propia forma de trabajar antiburocrática y secreta de Hitler, y la ausencia de relaciones personales, hace que toda la documentación encontrada tenga que ser analizada y filtrada concienzudamente.

A parte de la historiografía marxista y la liberal, los diferentes enfoques historiográficos sobre la cuestión se dividen básicamente en dos bloques.  En primer lugar, aquellos que han sido denominados “intencionalistas”, debido a que explican los acontecimientos históricos según las intenciones ideológicas o políticas del Führer; hacen hincapié en el papel fundamental que tuvo en la historia alemana, y sus conclusiones se centran en “el poder supremo de Hitler como señor del Tercer Reich”[1]. En segundo lugar, se sitúan en un polo opuesto los llamados “estructuralistas”. Este grupo de historiadores defiende el condicionamiento de las decisiones políticas a las limitaciones estructurales. Según expone el propio Kershaw, “el enfoque estructuralista vio la luz en la década de 1960 cuando fue posible por primera vez estudiar las estructuras internas del régimen nazi con cierta profundidad”. Por lo que “desde esta perspectiva resultaría evidente que la mano de Hitler no se hallaba omnipresente en el manejo de los asuntos del régimen. Tanto una ‘anarquía administrativa’ como una jungla competitiva de intereses en disputa constituyeron los rasgos predominantes del Tercer Reich”. [2] Esta posición defendía argumentos como que disponía de poco poder decisorio, estaba más preocupado por mantener su prestigio, era indeciso, y no tenía un programa claro de gobierno. El alcance de tal magnitud de poder es innegable, pero los condicionantes externos y las actuaciones de otros también fueron decisivos.

Los dos ejemplos más claros y contrapuestos, son precisamente, el del propio Kershaw, que podríamos considerar como estructuralista, y el otro es Joachim Fest, un claro modelo de intencionalista. Kershaw  se define a si mismo como un “estructuralista moderado” porque en su obra subraya “el carácter indispensable de Hitler al mismo tiempo que la necesidad de unas muy específicas estructuras sociales y políticas”[3]. Porque lo que pretende alguna manera es aproximar las dos posiciones historiográficas, al considerar artificial su división.

Y el otro autor es Joachim Fest al cual se le criticó  el que “no tenía en cuenta las fuerzas sociales ni las estructuras que habían colaborado paso a paso con Hitler para que pudiera alcanzar sus objetivos”[4]. El propio autor se defiende indicando que si bien “cada vez es más débil el papel que desempeña el individuo durante el transcurso de la historia y que ya no es suficiente, como se creía en el siglo xix, para hacer historia. Pero este individuo, aunque con bastante retraso, ha hecho bastante más historia de la que correspondía, si cabe, a la época”[5].  Fest piensa que la responsabilidad de cada individuo es fundamental, si bien lo importante es encontrar un equilibrio entre todos los elementos que intervienen en los acontecimientos, incluida la masa anónima y la elite de poder.

La opinión que Fest tiene de la obra de Kershaw se resume en que es “demasiado contradictoria la idea de que un historiador social pretenda escribir la biografía de un personaje que resultó ser decisivo para la Historia”[6]. Según este autor el peso del personaje se va difuminando a medida que transcurre la obra hasta que al final solamente queda según sus palabras un “espectro”. Considera que “raras veces es tan fácil como en esas páginas encontrar paradojas en la biografía de un personaje que acaba reducido a un mero punto en el que convergen las fuerzas sociales, de tal modo que quede casi anulado. Sin embargo, parece que con ello se olvida de que fue él quien cambió por completo todo el curso del mundo”[7]. Fest defiende que Hitler consiguió hacer realidad sus intenciones con su fracaso, y que ha marcado todo el devenir posterior de la historia. Según Kershaw las dos obras básicas y que le fascinaron fue una precisamente  la de Fest y la otra de Alan Bullock, el cual reduce el ascenso de Hitler a lo absoluto a sus ansias desmesuradas de poder.

Existen otros autores destacables. Hugh R. Trevor- Roper basa su idea sobre el Führer en toda una ideología estructura alrededor de una serie de tópicos y resentimientos que se sustanciaban en la conquista de territorio, lo que se denominó el “espacio vital”, y su odio obsesivo a los judíos. Hay otros más atrevidos que evidencian arriesgadas teorías sin fuerza probatoria, que rozan la elucubración, con las que pretenden explicar el comportamiento y el pensamiento de Hitler. Así Erich Fromm se centra en motivaciones psicológicas para explicar una voluntad de morir consecuencia de una represión prolongada y el deseo de destruir esta imagen, el verdadero odio de Hitler era la propia Alemania. Alice Miller habla de un deseo de venganza como consecuencia de la represión y tiranía que sus padres ejercieron durante su niñez. Simon Wiesenthal nos sitúa su antisemitismo en un escenario totalmente diferente, el contagio de una enfermedad venérea contagiada por una prostituta judía en Viena.

¿Intencionalistas o estructuralistas?, es una pregunta de difícil respuesta. Personalmente, creo que la historia no puede entenderse sin una serie de personajes, que debido a su carisma, su inteligencia, su determinación en la puesta en acción de una idea o una ideología, han cambiado el rumbo del mundo. Es innegable que hay un antes y un después de la aparición de figuras históricas de la talla de Lutero, Napoleón y el propio Hitler, por poner sólo unos ejemplos. Las consecuencias de sus decisiones arrastraron a millones de personas y el mundo nunca fue el mismo, evolucionó en un sentido determinado. Pero, si que es cierto, que para que estos personajes se desarrollen y puedan llevar a la práctica su pensamiento, y arrastrar a multitudes convencidas, es necesario que concurran unas circunstancias políticas, sociales, económicas, culturales y espirituales determinadas, es decir, el contexto tiene que ser propicio para que se produzcan esos cambios. Ahora, la “palanca”, en palabras de Kershaw, es el factor clave. Por tanto, ante el estudio de personajes de tanto impacto que consiguen cambiar el mundo, me inclino más hacia las tendencias intencionalistas que  hacia las estructuralistas. Hay personajes que para bien o para mal, son únicos e irrepetibles, y las consecuencias de sus acciones u omisiones marcan el devenir de las sociedades por mucho tiempo.

[1] Kershaw, I., “Hitler”, Biblioteca Nueva, Madrid, 2007.
[2] Diálogo con Ian Kershaw: Hitler y el nazismo “Explicar lo irracional en términos racionales”. Entrevista de Miranda Lida en el historiador. com.
[3] Diálogo con Ian Kershaw: Hitler y el nazismo “Explicar lo irracional en términos racionales”. Entrevista de Miranda Lida en el historiador. com.
[4] Fest, J., “Hitler: una biografía”,  Planeta, Barcelona, 2005.
[5] Fest, J., “Hitler: una biografía”,  Planeta, Barcelona, 2005.
[6] Fest, J., “Hitler: una biografía”,  Planeta, Barcelona, 2005.
[7] Fest, J., “Hitler: una biografía”,  Planeta, Barcelona, 2005.

viernes, 27 de enero de 2012

El Imperio Otomano en la Edad Contemporánea

El Imperio Otomano inició su dominio sobre la península de los Balcanes a partir del siglo xiv. La mayor parte del Imperio Bizantino fue conquistado por los turcos, la caída de Constantinopla se produjo en 1453, para luego extenderse hacia el norte y conseguir la sumisión de serbios y húngaros y la integración de los territorios balcánicos.

A lo largo del siglo xix el Imperio Otomano se vio inmerso en un proceso de disgregación que le obligó a ir perdiendo paulatinamente sus territorios en Europa y África debido principalmente a la influencia de los nacionalismos que se encontraban en su seno y la codicia de las potencias europeas. En 1830 perdieron Grecia. Mientras que rumanos, serbios, montenegrinos, croatas y búlgaros consiguieron su independencia en 1878. Tras la Guerra de Crimea (1853-1856) Turquía subsistió gracias al apoyo de ingleses y franceses, aunque a costa de concesiones de carácter político y comercial. En 1805 Mehemet Alí fue nombrado gobernador de Egipto y fue el inicio de la lenta agonía del imperio. Este personaje abrió Egipto a Europa, era sabedor que la influencia europea, sobre todo francesa, en el ámbito del reformismo político y en el técnico llevarían a Egipto a evolucionar y desarrollarse.

En la propia Turquía empezó a gestarse un movimiento reformista a partir de 1907 en forma de revolución protagonizada por los denominados “Jóvenes Turcos”, los cuales pretendían la modernización del imperio en proceso de decadencia, la promulgación de una constitución y el aseguramiento de su nacionalismo. En 1909 depusieron al sultán Abdul Hamid e instauraron un régimen dictatorial hasta 1914. Tuvieron que utilizar la fuerza para imponer sus ideas, contrataron asesores europeos, favorecieron la educación de la mujer, pero la base social era atrasada, y las humillaciones diplomáticas sufridas dificultaron su reformismo, por lo que tuvo que adquirir un cariz violento. Posteriormente, y de forma sucesiva, se produjeron episodios independentistas que mermaron su integridad territorial, primero los Habsburgo anexionaron Bosnia, el gobernador de Bulgaria consiguió la declaración de independencia, Creta fue anexionada por Grecia y en 1911 Italia ocupó Trípoli.

En 1914 el Imperio Otomano todavía abarcaba una extensa y estratégica zona que iba desde el Cáucaso hasta el Golfo Pérsico, bordeando la costa de Kuwait hasta Qatar. Mientras que las costas de Arabia hasta el Mar Rojo se encontraban bajo la influencia de los británicos. De todas formas seguía conservando Palestina, Siria y Mesopotamia. La zona del Levante mediterráneo era culturalmente una zona muy desarrollada y sometida a influencias europeas, mientras que la península Arábiga desconfiaba del gobierno turco, si bien la esperanza de éste era la división interna de los árabes. Al igual que el Imperio Austro- húngaro, la búsqueda de la guerra que se estaba gestando era valorado como una posibilidad de solucionar sus conflictos, pero que a la postre significó su fin como imperio.

Los británicos pactaron el apoyo árabe en la toma de Jerusalem y Damasco lo que permitió que aquellos pusieran en su órbita de influencia los territorios de Palestina, Transjordania e Irak, y Siria quedase en manos de Francia. Transjordania fue reconocida independiente por Gran Bretaña en 1928. También Arabia Saudí consiguió la independencia en 1932. Irak por su parte e 1932 se declaró independiente. Palestina no llegó a disfrutar de tranquilidad, había empezado la inmigración judía, lo que había desencadenado indignación entre los árabes acompañado de revueltas sofocadas por el ejército británico. El nacionalismo árabe empezó a coger más fuerza, cuando ya Gran Bretaña estaba en pleno retroceso, lo único que quería era preservar sus intereses económicos en la zona.

Al finalizar la guerra las reivindicaciones de los vencedores sirvieron para que, si bien Rusia no pudo hacerse con Constantinopla, el Bósforo y los Dardanelos, Grecia recibió importantes concesiones, Armenia consiguió su independencia y lo que quedaba de Turquía se dividió en zonas de influencia británica, francesa e italiana. Una revisión del acuerdo de paz se debió a un antiguo Joven Turco, Mustafá Kemal, que expulsó a franceses y griegos, y consiguió pactar en 1923 en plano de igualdad con los antiguos vencedores, aun así quedó liquidado el Imperio Otomano y surgió la nueva República de Turquía.

sábado, 21 de enero de 2012

Emil Ludwig: su obra "Napoleón" y el contexto político del autor

El libro fue publicado en 1925 durante el período de entreguerras, tras la Primera Guerra Mundial la sociedad europea sufre una crisis moral, ideológica y espiritual. El conflicto militar tuvo unas consecuencias demográficas catastróficas, no sólo por las pérdidas humanas provocadas en las hostilidades, sino también debido al aumento excepcional de la mortalidad entre la población civil, los nacimientos diferidos por razón de la guerra, los hijos que hubieran tenido los que murieron y los que no nacieron. Durante años hubo un déficit de la natalidad. La guerra ocasionó desplazamientos de población, personal civil que huía de las zonas de combate, y aquellos que lo hicieron posteriormente al final del conflicto.

El autor no desarrolla extensamente el tema de las consecuencias que las guerras tenían durante la época de Napoleón, pero sí que podemos encontrar una serie de comentarios al respecto. Por un parte, refleja que el propio Emperador francés no es inmune al sufrimiento de sus soldados después de una batalla, los heridos y mutilados le impresionan lo suficiente como para no ser un partidario de planear una batalla sin antes agotar sus dotes de persuasión política y diplomática. Por otra, considera sus efectivos humanos como elementos de su juego político, y la guerra una herramienta más en la estrategia para hacerse con el control de Europa. El período en el que vive Emil Ludwig se caracteriza por tener un visión similar, ya que no es posible separar la guerra de la política, vive en una sociedad de alguna manera militarizada, en la que las asociaciones de corte militar arrastran a la mayor parte de la población; al igual que Napoleón no podía entender el juego político sin la guerra, ésta era una herramienta más, junto con la diplomacia, para conseguir objetivos políticos.

El paralelismo es muy claro, la concepción política de Napoleón sobre el papel que desempeña la guerra era la que de forma parecida 100 años después vivía su propia sociedad. Otra coincidencia es el ambiente de revanchismo que vivía la sociedad alemana después de perder la guerra, y la imposición de las duras condiciones por parte de los vencedores en el Tratado de Versalles; y la respuesta que daba siempre Napoleón cuando perdía prestigio o posición, tanto si se sentía más presionado fuera de su Imperio como dentro de sus fronteras, era la de disponer de una nueva oportunidad para recuperar su posición anterior, por muy desesperada que fuese su situación, vivió en un revanchismo político y militar hasta su confinación en Santa Elena.

El período de entreguerras se caracteriza por un predominio de la sociedad de masas y los cambios producidos en la dinámica social. Las masas empiezan a actuar como una fuerza colectiva social imponiendo su presencia, sus acciones, sus decisiones, cambiando la vida social en todos sus aspectos en función de sus necesidades. Las masas no se someten a las minorías, al contrario, si no están de acuerdo con ellas no las siguen. Se acuña el término de hombre- masa que domina la vida pública, política y no política. Desde la segunda mitad del siglo xix todos los hombres son iguales, no se hallan las barreras sociales. Estas masas intervienen en todo. El prestigio de las clases dirigentes se ha devaluado y se han iniciado corrientes igualitarias, algunas diferencias materiales han desaparecido; a su vez en las masas nace un resentimiento contra el capitalismo y los dirigentes acusados de obtener grandes beneficios, lo que lleva al despegue de las ideologías anticapitalistas, como marxismo y el fascismo.

El autor refleja de forma clara el pensamiento de Napoleón al respecto, por un lado no concibe el dominio del poder sin el apoyo de las masas, dejando de lado la posición de políticos, y sobre todo de la antigua dinastía Borbónica. Su concepción de la igualdad le permite elegir, y entregar premios, a los colaboradores teniendo únicamente en cuenta la valía personal y no el nacimiento, se consideraba un hombre de la Revolución. Si vemos la manera de actuar del fascismo nos damos cuenta que el apoyo de las masas era indispensable para su ascenso y consolidación en el poder, así como el desprecio que manifestaban contra los antiguos partidos políticos. A su vez el nacionalsocialismo alemán se hizo con el poder de forma democrática y respetando en sus inicios las reglas del juego, posteriormente acabaron con cualquier oposición política y con el sistema tal y como era conocido.

La pequeña burguesía se ha visto afectada muy especialmente en el ámbito económico después de la Primera Guerra Mundial. La humanidad que disfrutaba de las ventajas de la civilización occidental, fue perdiendo la confianza en el Estado liberal y se instauró una desconfianza e inseguridad colectivas. La crisis social de los valores morales se proyecta en la vida cotidiana. La religión, el arte, la filosofía, la ciencia, al igual que la economía y la política se desmoronan por su base, es la llamada “crisis de todas las seguridades”. La guerra ha provocado el hundimiento de los tres Imperios absolutistas, se extienden los regímenes parlamentarios y constitucionales, se van imponiendo el sufragio universal. Estos sistemas se ven presionados por el socialismo y por el fascismo, caracterizado éste por su oposición al liberalismo ineficaz, recibir el apoyo de las clases medias, y la ayuda de los dirigentes y capitalistas temerosos de una revolución.

Napoleón es un partidario del liberalismo económico, pero en pleno conflicto con Inglaterra adoptará la decisión de controlar los mercados dependientes del Imperio francés, intentando arrastrar a otras potencias como Rusia, prohibiendo los intercambios comerciales con aquella potencia marítima con la intención de debilitar su poderío económico, sin ser plenamente consciente que en un futuro la situación se le volverá en su contra al perjudicar el normal funcionamiento de su economía y llevarla a una crisis de mercado. Supeditó su política económica a la campañas bélicas que desplegaba por Europa, al igual que los países intervinientes en la Primera Guerra Mundial sometieron la actividad económica a sus necesidades militares, de la misma manera que también lo hizo Alemania en el período de entreguerras con el ascenso de Hitler al poder, al poner en marcha toda una industria orientada a prepararse para la guerra. Ambos fueron de una manera u otra partidarios de la intervención económica.

La subida al poder de los líderes carismáticos fascistas se produjo en similares circunstancias a la forma de cómo lo hizo Napoleón. Ambos se aprovecharon de la debilidad del gobierno y del funcionamiento de las instituciones. El Directorio que gobernaba Francia mantuvo un enfrentamiento más o menos evidente con su general más brillante, sin ser conscientes de su carisma con el pueblo y el ejército, a pesar del apoyo de la mayor parte de la clase política, si bien su debilidad fue manifiesta la noche del levantamiento que se resolvió con la constitución del triunvirato, posteriormente Napoleón consiguió que lo nombrasen primer cónsul vitalicio, y finalmente emperador, se había quedado solo en el poder, era lo que había siempre deseado ser, el amo del Estado. En el mismo sentido cuando Hitler llegó al poder en Alemania, se aprovechó de la debilidad de la República de Weimar para desmantelarla, pero para ello primero tuvo que ir ganando votos y escaños, favorecido por el revanchismo latente por la derrota en la Primera Guerra Mundial, y por la crisis económica que se vivió a partir de 1929. El momento culminante fue el acuerdo al que llegaron Von Papen, líder de los conservadores, el gran capital y el propio Hitler para que éste dirigiese el gobierno alemán. Al igual que hizo Napoleón nada más llegar al poder empezó a desmantelar el sistema constitucional de la República. El paralelismo es evidente, ambos anhelaban el poder absoluto, y no dudaron en aprovecharse del mismo sistema al que querían destruir, siguieron prácticamente los mismos pasos hasta que acapararon el poder absoluto. La única fórmula que reconocían era la de la primacía y unidad del Estado que se impone a través de la dictadura.

Como consecuencia de la responsabilidad de gobierno, los presupuestos que fundamentan su modelo de autoridad, la conciencia de ser un ser excepcional y la predestinación de sus objetivos finales, que entre otras cosas buscan la grandeza de Francia, como subordinación a su grandeza y gloria personal, todo ello lo convierte en un personaje que se siente y se encuentra solo, a los hombres los considera débiles y materialistas, y muy inferiores a él. El sentido de la predestinación, considerarse un ser excepcional y la búsqueda de los hechos más destacados de la nación son atributos que podemos encontrar en los dictadores fascistas que llegaron al poder durante el período de entreguerras. La apelación a los sentimientos arraigados en el pueblo sobre la grandeza de la nación y la raza, y la necesidad de situarla en el lugar que le corresponde en la historia, son las armas utilizadas por los fascistas para manipular y controlar a la opinión pública.

Napoleón sentía la necesidad de formar los Estados Unidos de Europa, pretendía resucitar el Imperio Sacro Romano Germánico de Carlomagno, y para ello contaba con la fuerza como su herramienta principal para conseguir su objetivo. La apelación al glorioso pasado histórico y su continuismo está también presente en la Italia de Mussolini y en la Alemania de Hitler, como ejemplos más representativos. En todos los casos es importante el uso partidista de la historia y la asimilación de símbolos externos que la recuerden. Si bien en el caso de los símbolos externos no fue tan patente en el emperador francés. El hecho de sentirse personas excepcionales y predestinadas, de algún modo, les condena a la soledad, sienten que se encuentran por encima de todos los que le rodean, es difícil que reconozcan un error, lo más fácil es atribuírselo a los demás. Además la derrota para ellos es una afrenta, una traición a la confianza depositada. Estos rasgos los podemos encontrar tanto en los líderes fascistas como en el propio Napoleón. La doctrina del “espacio vital” unida al pangermanismo imperialista, a la expansión política y militar, y a la guerra, desencadenan que la Alemania hitleriana se instale en la economía de guerra.

El control de la opinión pública fue una de las facetas de la sociedad que tanto los grupos fascistas como Napoleón se encargaron de cultivar a través de imponer límites a la libertad de expresión y a mediatizar la prensa.

El autor describe y desarrolla una serie de características y fundamentos, tanto a nivel personal como a nivel de concepción del Estado y de toma de decisiones políticas, de Napoleón Bonaparte que son perfectamente asimilables o extrapolables al contexto histórico en el que vive, y que podríamos resumir a modo de conclusión en los siguiente puntos a modo:

- El autoritarismo, la predestinación, la persecución de unos fines que le otorguen la gloria nacional y personal, y la conciencia de una superioridad de su ética personal les hace menospreciar a los hombres, y les hace sentirse superiores a ellos, si bien como contrapartida tienen un sentimiento de soledad.

- El ascenso al poder se produce respetando las instituciones y modelo de Estado, para paulatinamente ir imponiendo su modelo dictatorial, hasta la desaparición total de los rasgos que lo definen.

- El apoyo de las masas y el desprecio de la clase política del momento es fundamental para su ascenso y continuidad en el poder. Achacan los males del Estado a las instituciones actuales. Controlan la opinión pública.

- La política es inseparable de la guerra, ésta es considerada la herramienta principal de expansión imperial, es una necesidad vital para el Estado.

- Apelan a un glorioso pasado histórico que pretenden recuperar.

- La expansión territorial es básica para alcanzar la gloria que buscan, se llame Estados Unidos de Europa o “espacio vital”. Tienen una necesidad de imponer la superioridad que la historia ha otorgado a sus Estados.

- La economía está dirigida desde el poder y supeditada a sus fines militares. Es una economía de guerra.

- Las masas son números útiles para la consecución de sus objetivos de expansión territorial.

sábado, 6 de agosto de 2011

El comercio del ámbar durante la Prehistoria

El ámbar procede de ciertas plantas que formaban los bosques del período terciario, es una resina fósil, como lo prueban sus caracteres químicos y lo confirma la existencia de animales, principalmente insectos, aprisionados en los grumos de la sustancia. Se presenta como un cuerpo mineral, pero que posee las cualidades de una materia de origen orgánico El ámbar ha sido desde la más remota antigüedad objeto de la atención del hombre, y puede decirse que fue una de las primeras materias que empleó para la satisfacción de las necesidades estéticas, además de fundamento del lujo. La zona por excelencia de su localización se sitúa en la península llamada Sandland, que se extiende entre Memel y Danzig, abarcando desde Kœnigsberg hasta el Báltico.

La explosión económica y social que supone la llegada de la Edad de Bronce se debe a la consolidación de dos rutas comerciales: la del estaño y la del ámbar, con todo lo que conlleva, intercambios de productos manufacturados y materias primas de lujo.

El Calcolítico, cronológicamente situado en el iii milenio a.C., no se caracteriza precisamente por el mantenimiento de unas relaciones de intercambio tal y como aparecerán durante el Bronce, cuando se establezcan unas redes comerciales controladas por intermediarios, y que conectarán diferentes zonas productoras y consumidoras. En cambio lo que si que existen son intercambios comerciales de carácter más local, sobre todo relacionado con la explotación del cobre. En concreto hasta el establecimiento de un entramado comercial, el ámbar prácticamente se mueve en la zona de extracción, costas del Báltico, afectando a Dinamarca, una muy pequeña parte de Noruega, y una parte de Suecia.

A mediados del iii milenio, durante el Calcolítico, el ámbar, por proximidad con las zonas productoras, aparece en Gran Bretaña, el camino que sigue en dirección a esta gran isla fue evidentemente marítimo y debió ser el reflejo de un incipiente comercio ya establecido de distintos productos, incluidos los metales, con el continente. Se encontraron objetos realizados con este material en tumbas individuales. Este comercio se intensificó en esta zona durante el Bronce antiguo, con una cronología de 1800- 1400 a.C., con la cultura de Wessex, como pueden atestiguar collares y jarros de ámbar encontrados en ajuares pertenecientes a tumbas de la aristocracia local. Dentro de la Europa atlántica encontramos la Civilización armoricana formada por pueblos procedentes del Mar del Norte, posiblemente protovikingos, que en sus ajuares también aparecen adornos de ámbar, hablamos del período 1900 a.C. La Europa Central cumple un papel fundamental en el comercio europeo por su situación geográfica- estratégica entre la Europa Nórdica y el Mediterráneo.

 Durante el Bronce Antiguo, es la cultura de Unetice o Aunjetitz, la que controlaba las rutas comerciales europeas, entre otros productos, canalizaban el ámbar y el oro, por lo que se convirtieron en intermediarios entre el Báltico, la Grecia Micénica y las Islas Británicas. En la Edad del Bronce, la Europa Nórdica estaba muy influenciada por la cultura Centroeuropea citada, en concreto, se identifica la denominada cultura Montelius, considerada como uno de los centros de exportación de ámbar más importantes, dirigida sobre todo a la misma Unetice, y de aquí a Grecia y al Egeo, viéndose beneficiada en el intercambio con los centros metalúrgicos de la Europa Central y Oriental.

Todas las culturas mediterráneas a partir del Bronce Antiguo se vieron inmersas en la red de intercambios comerciales entre el norte y centro de Europa, con todo lo que conlleva, mayor uniformidad en cuanto a la cultura material localizada en los ajuares funerarios, y el intercambio de ideas. Como ejemplo citar que se han encontrado objetos de ámbar en el norte de Italia, en concreto la cultura Polada, la cual entró en contacto con Centroeuropa a partir del 1800 a.C.

El recorrido del ámbar hasta el Peloponeso pasaba por el Adriático; seguía hasta las cabeceras del Rhin y del Danubio, y alcanzaba por el Elba su lugar de procedencia. Curiosamente, el núcleo centroeuropeo de la ruta del ámbar se encuentra entre las pocas regiones europeas en las que se concentra el cobre en estado natural. Más curioso es, si cabe, el hecho de que sea precisamente el foco centroeuropeo de la ruta del ámbar (las regiones de Sajonia y Turingia) el que se adelanta, a comienzos del ii milenio a.C.

La Grecia Micénica mantiene durante el Bronce reciente unas relaciones comerciales con el continente y el Mediterráneo, lo que permite el intercambio de productos provenientes de todas las partes de Europa, viéndose incrementadas dichas relaciones a comienzos del siglo xiii a.C.

A partir del año 1500/1450 a.C. empieza la etapa del Bronce Medio con la aparición de una mayor demanda de metal como consecuencia de la proliferación de utensilios, armas y adornos, principalmente de bronce, considerados no sólo ya como elementos de lujo, sino también como elementos de uso cotidiano, desencadenando una intensificación de las redes de comercio. Durante esta nueva etapa la llamada Cultura de los Campos de Urnas es continuadora de la de Unetice, sustituyéndola en el control de la ruta del ámbar y del comercio micénico. Uno de los rasgos que marcan el Bronce Medio es el de la mezcla de pueblos sobre todo en las zonas de paso agrícolas y mineras. Dentro de esta cultura se encuentra el grupo del noroeste de Alemania, principalmente la región de Lünebourg, el cual está muy influenciado por la Europa Nórdica. Esta zona estaba en contacto directo con Jutlandia para el comercio del metal y del ámbar.

En torno al 1400 a.C. Escandinavia, como consecuencia del enriquecimiento que le reporta el comercio del ámbar pudo importar cobre y estaño, que le permitió convertirse en un centro metalúrgico de primer orden equiparable a los que existían en Europa Central. Las rutas comerciales básicamente eran dos, una conectaba el oeste de Dinamarca con el Rhin y el alto Danubio, y otra que unía el este de Dinamarca, el Oder y el Danubio medio.

El ámbar fue  muy codiciado y objeto de un comercio que tenemos que englobar dentro de un contexto más amplio de intercambios de metales, cerámica, oro, útiles, armas y objetos de decoración, que consiguieron conectar las diferentes culturas europeas dentro de las primeras redes comerciales conocidas.

El Imperior Hitita

El marco geográfico de la Península de Anatolia a finales del Bronce Medio y durante el Bronce Reciente es complejo por la existencia de diversos reinos, y una heterogeneidad étnica y lingüística. La capital del reino era Hattusa, situada en el centro del país, al norte limitaba con el mar de Mármara y el mar Negro, donde habitaba un pueblo montañés llamado gasca, en el sureste se encuentra la cordillera del Tauro donde hay las Puertas de Cilicia, y el sur limitaba con el Mediterráneo.

Los orígenes del Imperio Hitita hay que buscarlos en el periodo de transición el iii al ii milenio a.C. cuando los reyes de Kussara, Pikhana y Anitta, unificaron la región, conquistando ciudades como Nesa, y destruyendo la futura capital del reino, Hattusa. Durante los primeros siglos del ii milenio a.C. los asirios establecieron en Anatolia unos asentamientos comerciales (karum), cuya ciudad más importante fue Kanish, los cuales mantenían una independencia respecto a las ciudades nativas, y que sirvieron para el intercambio de plata y oro por productos textiles y, especialmente, estaño.

A la muerte de Anitta se inicia un período de transición poco conocido que finaliza con la subida al trono de Hattusili (1650-1620 a.C.), momento en el que empieza el Reino Antiguo Hitita, pasando la capital a Hattusa, e iniciándose una política de expansión, que le llevó a dominar la Anatolia central, penetró en el Norte de Siria conquistando Alalah. Al año siguiente se dirigió contra el reino de Arzawa, hecho aprovechado por los hurritas para atacarle, lo que le obligó a asegurar su reino. Una vez pacificado cruzó el Éufrates para iniciar una campaña militar sin conseguir el dominio de la zona. Le sucedió Mursili i (1620-1590 a.C.), el cual se tuvo que enfrentar con los mismos enemigos que su predecesor, venció al reino de Yamhad, conquistando Aleppo lo que le permitió controlar las rutas comerciales del norte de Siria. Aprovechó la inestabilidad de la zona para realizar una campaña de saqueo que le llevó a Babilonia en 1595 a.C. Durante el reinado de su sucesor Telepinu surgió el reino de Kizzuwatna. A la muerte de este rey el reino entra en una época poco conocida caracterizada por luchas internas.

La organización política tiene como centro del poder la figura del rey, asistido por una asamblea o consejo aristocrático, el Panku, se duda si la monarquía fue electiva durante los primeros tiempos del Reino Antiguo. La esposa del rey también tuvo su importancia.

El Imperio Hitita surge con el reinado de Suppiluliuma i (1344-1322 a.C.). Primero se dedicó a asegurar la estabilidad de Anatolia, dejando bajo su órbita a los reinos de Kizzuwadna, Arzawa e Isuwa, para luego expansionarse, derrota a Mitanni, se establece en Siria, llegando hasta Kadesh, lo que le obliga a firmar el pacto de kurustama con Egipto por sus intereses en la zona. Firmó tratados con Amurru, Ugarit, Kadesh y la Babilonia casita para hacer frente a los asirios, a su vez se extendió hacia el Éufrates conquistando Karchemish. La viuda de Tutankhamón, Ankhesamón, solicitó desposarse con un hijo del rey, que durante el viaje Egipto fue asesinado, sirviendo este hecho como motivo para consolidar las victorias en Siria y formar el imperio más grande en extensión de los Hititas.

Sus sucesores, Mursili ii, Muwatalli ii, Mursili iii, Hattusili iii, Tudhaliya iv y Suppiluliuma ii tuvieron que hacer frente a rebeliones dentro de su imperio y a una política cada vez más agresiva de Egipto y Asiria, contexto en el que se produce la batalla de Kadesh con Rameses ii y el traslado de la capital a Tarhuntassa, para luego volver a Hattussa, hasta el agotamiento y fin del imperio a manos de los Pueblos del Mar, los gasca y frigios. Gran importancia tuvo en este contexto la diplomacia y la firma de tratados con reinos y ciudades, en los que se hacia un juramento de los reyes vasallos con el rey hitita, siempre se reflejaba la superioridad del rey hitita, a excepción del único paritario que firmaron  Rameses ii y Hattusili iii.

El rey administraba justicia, dirigía los ejércitos, y realizaba ofrendas en santuarios en calidad de sacerdote principal, como Yazilikaya, o en ciudades consideradas sagradas, como Nerik, Arinna y Zippalanda. Las ciudades más importantes del imperio fueron la capital Hattussa, así como Aleppo y Karkemish que se consideraron virreinatos para facilitar el control de un imperio tan extenso.